Los seres humanos aprendemos a lo
largo de nuestra vida acumulando aspectos que nos enriquecen y otros que nos
empobrecen. Nos enriquece la armonía, el amor, la compasión, las relaciones
humanas asertivas, los conocimientos que
elevan nuestro conocimiento intelectual y elevan nuestro espíritu. Nos
empobrece principalmente el miedo, el rencor, los celos, el odio, la mentira,
el engaño. Todos aprendemos una combinación de ambos aspectos de la vida que
nos hacen lo que somos actualmente. Desafortunadamente, lo que somos visto
desde el punto de visto intelectual estricto que acabo de mencionar no es ni
remotamente lo que realmente somos en unión con la mente universal; pues somos
perfectos, hermosos y en concordia con la divinidad, pero no nos damos cuenta
porque estamos disociados entre el pensamiento intelectual o la mente y la
experiencia enriquecedora de ser uno con la presencia divina. Aquí es el ego el
que nos mantiene separados de la experiencia mística de sentirnos uno con el
universo, porque eso somos, somos uno con el universo. Desde pequeños
aprendemos si es que somos gente con cierta formación intelectual, que solo lo
que se filtra a través del intelecto es cierto y es real, y lo que es más,
defendemos puntos de vista aprendidos desde el intelecto como si fueran una
verdad inamovible y absoluta; cuando lo único cierto es que tenemos que
desaprender continuamente para seguir avanzando en el camino de nuestra propia
iluminación, desaprendiendo viejos paradigmas, asumiendo que otras cosas
podrían sernos útiles y aceptar que nunca somos producto terminado mientras
vivimos sino una combinación de materia prima e insumos en proceso de
convertirnos en seres superiores.
Los fariseos son un buen ejemplo de
cómo el orgullo intelectual los detuvo en captar lo que Jesús quiso enseñarnos
al género humano; y no solo no lo entendieron sino que le tendieron trampas y
ayudaron a matarlo; cuando Jesús solo quería decirles que somos Dioses en
potencia y que venimos a tener vida y a tenerla en abundancia aceptando que
somos hijos de Dios, respetando sus preceptos y viviéndolos día a día,
preceptos que se reducen dos: amar a Dios y a nuestros hermanos como a nosotros
mismos, que es el resumen de lo que si hubiéramos aprendido seríamos una
humanidad muy distinta a la caótica humanidad que somos actualmente.
Ahora en los tiempos actuales, lo que
nos separa de la perfección es el materialismo terrible que vivimos y que nos
enseña que debemos estudiar, graduarnos, trabajar y luego hacernos parte del
aparato consumista en el que vivimos inexorablemente; y así; aprender de la
vida después de nuestra graduación se
convierte en algo que le da flojera a la mayoría, que se han convertido en los
autómatas que el sistema quiere que sean, al grado que el alienamiento de no
encontrar nuestra esencia y vivirla nos lleva en el menor de los casos a la neurosis y en el peor
de los casos a la psicosis, cuando nuestros sentimientos no son bien enfocados
y no encuentran satisfacción a sus necesidades, lo cual produce frustración en
una primera etapa, agresión en una segunda etapa, y homicidio cuando la agresión
es contra alguien más, y suicidio si la agresión es contra nosotros mismos. Si
lo anterior no es cierto, al menos al no tener acciones que satisfagan nuestras
necesidades y que vayan acordes con nuestros sentimientos, lo menos que pasa es
que vivimos en un profundo vacío existencial . Por otra parte, cuando los
sentimientos no son funcionales, es decir; no fluyen adecuadamente, producen
somatizaciones que son a la larga enfermedades biológicas o muerte biológica en
el peor de los casos. Pero la anterior no es la única forma de morir, sino que
también morimos de enfermedades crónico-degenerativas que nos llevan a la
muerte natural; pero la peor de las muertes que tenemos en la actualidad los seres
humanos que vivimos en esta sociedad consumista y fieramente competitiva es la
pérdida de la experiencia colectiva, que nos conduce a la muerte del ser….que
es como estar muerto en vida. Para ser una persona funcional, lo que debemos
hacer es comunicarnos asertivamente con quienes nos rodean y no negar nuestras
propias necesidades, ya sean personales, laborales, de pareja, de amistad con
nuestros círculos de amigos, con nuestros maestros, con nuestros jefes, con
nuestros padres, con nuestras parejas, con nuestros hijos. El otro punto que
debemos tener en cuenta para ser personas funcionales es traer el eterno
presente a nuestra vida a manera de experiencia y no de concepto, de esta
manera evitaremos sentir el dolor que nos provocan algunos recuerdos del pasado,
y también evitar la ansiedad que nos puede provocar pensar en nuestros
compromisos futuros. La forma más fácil que tengo para explicar lo anterior es
la siguiente:
Cuando recuerdo cosas de mi pasado
que me hirieron, las traigo al presente en mi mente y en mi experiencia si son
vividas con mucha intensidad, y entonces estamos sufriendo en el presente por
recuerdos del pasado, y no dejamos que la experiencia presente que es hermosa
nos inunde con su belleza. Por otro lado, cuando nos sentimos ansiosos por algo
que todavía no sucede como enfrentar la muerte de nuestros seres queridos, o
pagar las colegiaturas caras de los colegios privados donde queremos tener a
nuestros hijos, estamos sintiendo angustia por algo que todavía no pasa, y
tampoco eso nos deja vivir con plenitud la hermosura de la experiencia del
presente.
Vivir en el eterno presente es solo
traer recuerdos del pasado agradables y hacerlos más vívidos en nuestro
presente para traernos gozo, y solo imaginar de manera vívida y positiva lo que
creemos que puede pasarnos en el futuro para traer gozo al momento presente;
pero LA MEJOR FÓRMULA ES VIVIR EL PRESENTE SIEMPRE, PUES UNA VEZ QUE PENSÉ UNA IDEA POR BUENA O MALA QUE SEA YA PASÓ AL
PASADO, Y CADA VEZ QUE PROYECTO UNA IDEA AL FUTURO INMEDIATO, ESE FUTURO LLEGA
Y LUEGO SE CONVIERTE EN PASADO, ASÍ QUE HABRÁ QUE VIVIR POR TANTO EL ETERNO
PRESENTE COMO NOS LO ACONSEJA NUESTRO QUERIDO MAESTRO DE DESARROLLO HUMANO
ECKART TOLLE.
De todas estas interesantes reflexiones la que me parece nodal es la que se refiere al ego como el rpincipal obstáculo a superar para lograr crecimiento espiritual.
ResponderEliminarEs el ego, esa fantasía que experimentamos dia a dia como nuestra identidad, el que nos provoca ese vacío existencial que es la causa del consumismo que mencionas; es el "hambre que no puede saciarse" simplemente por que buscamos darle lo que pensamos que requiere un constructo inexistente y fantasioso que es el ego.
Ahi también esta la causa de nuestras disfuncionales relaciones con el pasado y con el futuro; por eso lo que hacen o dicen los demás es capaz de lastimarnos.
Si lográramos penetrar esta fantasía enfermiza que es el ego, nos daríamos cuenta de que no hay nada ahí, nada que defender, nada que pulir. Sin embargo, ese vacío que subyace a nuestra esencia es atemorizante. Por eso nos aferramos a nuestra fantasía.